Radiohead:

En busca de la pirámide

Imagen: Imdb

Radiohead es uno de mis grupos favoritos. Sus canciones me emocionan como pocas, aunque reconozco que casi nunca capto el significado de sus crípticas letras (de hecho, a veces dudo de si Thom Yorke se entiende a sí mismo). Solo sé que, en su inmensa mayoría, me transmiten una mezcla de tristeza y esperanza que, en función del día, me anima a disfrutar más de la vida o me provoca ganas de mandarlo todo a la mierda. Sí, escuchándolos puedo pasar de Mr. Wonderful a Mr. Wonderfuck en un par de estrofas.

La gente que me conoce sabe que he tenido momentos de auténtica cabezonería con Radiohead, a pesar de que estoy convencido que 9 de cada 10 psicólogos no lo recomiendan. Mi última rallada mental la he sufrido con “Codex”, uno de los temas más destacados del disco The King Of Limbs (2011). La había escuchado otras veces, pero fue al ver este vídeo cuando volví a caer en algo que no es amor: se llama obsesión.

¿Dónde había oído eso yo antes? Ese machacante piano, esa voz etérea, esos toques entre jazzísticos y tenebrosos. Ya habíamos pasado por eso. Fue entonces cuando decidí echar la vista atrás y me di cuenta de que, quizás, los que tenían una obsesión eran los mismos Radiohead.

Este no es un artículo académico, ni pretendo demostrar nada. Se parece más a un reportaje de Cuarto Milenio, en el que me gustaría poner el foco en un patrón maravilloso y enigmático que se repite desde, por lo menos, la publicación de Amnesiac (2001).

Imagen: Atrox Morts

En mi cabeza, todo empieza con Pyramid Song, un viaje astral que parece relatarnos el camino hacia el más allá y que termina con los ya míticos versos “There was nothing to fear and nothing to doubt”. Una de las obras maestras indiscutibles del grupo, con un ritmo sincopado que hay quien lo relaciona con la forma de una pirámide (¿véis? Hay gente que está peor que yo):

Imagen: @Jeevanrai

En el disco siguiente, Hail to the Thief (2003), Radiohead se ponen más políticos y exploran sonidos de todo tipo, entre los que se encuentra, otra vez, una canción protagonizada por un lento piano que, en esta ocasión, nos lleva de viaje a la Luna. Se llama “Sail To The Moon“ y dicen que está dedicada al hijo de Thom Yorke, aunque nadie en su sano juicio la calificaría como una nana feliz. La estructura se repite: el piano no deja de crecer y, cuando llega a la mitad del tema, la batería eclosiona rodeada de un ambiente etéreo para dejarnos con la boca abierta y el corazón encogido.

El misterio va adquiriendo forma. Llegamos a la última canción de In Rainbows (2007), “Videotape”. Parece un tema de lo más sencillo, de apenas cuatro acordes en una especie de loop continuo, pero tiene una complejidad rítmica que aquí explican de forma muy didáctica. Sea como sea, lo que me interesa es lo que sucede durante el transcurso de la canción. Nos volvemos a encontrar con un inicio minimalista, de piano y voz, al que poco a poco se le van añadiendo instrumentaciones y contrapuntos para acabar concluyendo que “Today has been the most perfect day I’ve ever seen”.

En el fondo, parece que Radiohead están reinterpretando y transformando la Pyramid Song disco a disco, con resultados imprevisibles. Me podéis llamar conspiranoico si queréis, y probablemente tendréis razón.

Imagen: Avirgilo

Pero es que aquí no acaba la cosa: llega el álbum The King Of Limbs (2011) y, con él, la ya mencionada “Codex”. Vuelve a aparecer el piano lento sincopado, los ambientes oníricos (esta vez protagonizados por cuerdas e instrumentos de viento) y letras que nos transportan a paisajes ficticios. Por último, en A Moon Shaped Pool (2016) tenemos Decks Dark, que, como os podéis imaginar, responde a la teoría que ya hemos visto pero la lleva por otros terrenos.

Al final, y releyendo lo que he escrito, no sé exactamente cuál ha sido el propósito de este artículo. Quizás lo único que me sucede es que busco respuestas que nunca llegan y que, en el fondo, espero que nunca lleguen.

 

PD: Dejo aquí una playlist con las 5 canciones.

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