Radiohead: A Moon Shaped Pool

El cuadro de la portada es obra de Stanley Donwood, el artista fetiche de Radiohead. Foto: Resident Advisor

El cuadro de la portada es obra de Stanley Donwood, el artista fetiche de Radiohead. Foto: Resident Advisor

Para empezar, una confesión: a pesar de ser un fan de Radiohead a la altura de las locas que siguen a los Gemeliers por todas partes, me daba pereza escuchar su nuevo disco. No sé explicar muy bien el porqué, pero lo cierto es que no di saltos de alegría cuando se publicaron sus primeras canciones, ni corrí a evadirme del mundo para prestarle atención exclusiva a “A Moon Shaped Pool” desde el momento en que lo tuve en mi iPhone. Pero, tras escucharlo, solo me falta decirle a Thom Yorke y compañía que lo siento, que no volverá a ocurrir. Que no les volveré a defraudar. Que una fan de Gemeliers nunca lo haría.

Quizás mi problema fue que creía que Radiohead, como banda, había desaparecido. Daba la sensación de que sus miembros ya tenían suficiente con los proyectos que les han mantenido distraídos los últimos años. Thom con sus Atoms For Peace, Jonny con sus bandas sonoras, Phil, Ed y Colin con sus colaboraciones y movidas varias… Tampoco es que “The King Of Limbs”, su último disco publicado en conjunto, me diera muchas esperanzas: siempre me ha parecido un álbum que podría haber escrito Yorke en solitario.

Sin embargo, cuando escuché “Burn the Witch”, la primera canción de A Moon Shaped Pool, se me quitaron todas las tonterías. Radiohead habían vuelto por todo lo alto.

En muchos sentidos, el nuevo disco de Radiohead es como quedar para tomar un café con un amigo al que hace años que no ves para compartir anécdotas que, con el paso del tiempo, se han magnificado. Y es que A Moon Shaped Pool está lleno de temas que hemos escuchado a lo largo de su carrera, pero que nunca habían grabado en estudio. “Present Tense”, “True Love Waits” o la misma “Burn the Witch” son sólo algunos ejemplos. Eso sí, en ningún momento parece un disco hecho a partir de retales, ni una recopilación de caras B. No. A Moon Shaped Pool tiene su propia personalidad. Triste, desolada y ligeramente épica, pero personalidad al fin y al cabo. ¿Qué esperabais de Radiohead, si no? ¿Alegría, jolgorio?

Si lo tuviera que situar en algún punto de la siempre mutante historia del grupo, diría que este disco está entre Amnesiac y Hail To The Thief. De hecho, “Decks Dark” podría ser una versión 2.0 de “Pyramid Song”, mientras que la calma tensa de “Ful Stop” me recuerda a “The Gloaming”. La diferencia es que en A Moon Shaped Moon todos los miembros de Radiohead aportan lo que han aprendido en estos años realizando proyectos paralelos. Esto se hace especialmente evidente en las orquestaciones de Jonny Greenwood, muy presentes en todo el disco (ese final de “Tinker Tailor Soldier…”), pero también se nota las líneas de bajo de Colin (tan impresionante como sutil en “Identikit”) o en las bases rítmicas de Phil (que han dado aires brasileños a “Present Tense”, canción que, por cierto, espero que se convierta en un nuevo videoclip bailongo a lo Lotus Flower). Y, claro, también se nota en la voz y en el piano de Thom Yorke, que parecían difíciles de superar pero que vuelven a demostrarnos que es el cantante más emocionante (y con la mirada más inquietante, aunque eso no ha cambiado) del Siglo XXI. Ahí están “Glass Eyes” o “Daydreaming” por si cabía alguna duda:

Para acabar, otra confesión: me prometí a mí mismo que me reservaba una escucha más profunda de A Moon Shaped Pool para después del Primavera Sound. Que quería que me sorprendieran. Que no quería spoilers, vaya. Pero no he sido capaz. Así que, si no queréis que os desvelen lo grande que va a ser su concierto, mejor no escuchéis su nuevo disco.

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