Primavera Sound 2015: La anticrónica

Belle & Sebastian, las nuevas divas del discogay. Foto: Jordi Iglesias

Belle & Sebastian, las nuevas divas del discogay. Foto: Jordi Iglesias

El viernes 29 de mayo empezó muy mal, ya que nos perdimos el concierto de Patti Smith. Un error del que nos arrepentiremos toda la vida. Para más inri, al llegar al concierto de Belle & Sebastian nos dimos cuenta que han transformado su indie-folk característico en una especie de disco-pop facilón. Si se trata de lo de «renovarse o morir», quizás tendrían que haber elegido la segunda opción. Pero bueno, la gente parecía pasárselo bien y nosotros nos estábamos bebiendo una de esas cervezas sospechosas, así que no nos hagáis demasiado caso. Con todo, nos dirigimos a ver a las Sleater-Kinney, uno de los platos fuertes de esta edición del Primavera Sound.

Sleater-Kinney: ¡Uh!, ¡Ah!, Las chicas son guerreras. Foto: Jordi Iglesias

Sleater-Kinney: ¡Uh! ¡Ah! ¡Las chicas son guerreras! Foto: Jordi Iglesias

Si No Cities to Love (2015), el nuevo disco de las estadounidenses tras 10 años de silencio, ya fue una grata sorpresa, en concierto demostraron que definitivamente su comeback no es un fraude. Dedicaron casi todo el setlist a su nuevo álbum y a The Woods (2005), con una actitud irreprochable y una precisión técnica apabullante. ¿Se puede pedir más? Pues quizás sí: estuvieron un pelín estáticas encima del escenario y echamos en falta que se mostraran un poco más locas. Pero para eso ya estaba Ariel Pink.

¡Cuidado conmigo, que estoy muy loco! Foto: Jordi Iglesias

Con unas pintas a lo Kurt Cobain o a lo Adrià Puntí (es decir, drogado), Ariel Pink salió al escenario con la intención de comérselo a base de pop psicodélico y locura general. Y lo consiguió, con la ayuda de un público entregado y de una banda que tampoco tenía pinta de estar muy cuerda. Tras un conciertazo como el suyo, nos entró un hambre muy tonta que saciamos de camino a Alt-J con una deliciosa cheeseburger de El Filete Ruso.

Al llegar, comprobamos que lo de Alt-J va muy en serio. Lograron convocar a una cantidad ingente de público, lo que significa dos cosas: 1) la falta de un concierto alternativo suficientemente atractivo (lo corroboramos) y 2) el éxito masivo de Alt-J entre los más modernos. Un fenómeno difícil de entender si tenemos en cuenta lo aburridos que son en directo y lo mucho que desafinan. Había muchas luces de colores pero, a diferencia de la canción de Mecano, no lo pasamos bien.

Se hizo bastante tarde y tuvimos la tentación de irnos a casa. Sin embargo, todavía nos faltaba vivir una de las experiencias más surrealistas de todo el festival: el concierto de Movement.

Porno de madrugada. Foto: Jordi Iglesias

Porno de madrugada. Foto: Jordi Iglesias

A oscuras y con una propuesta musical a medio camino entre el trip hop y el R&B, Movement se marcaron un concierto que invitaba, simple y llanamente, al folleteo. De hecho, los adolescentes franceses de nuestro alrededor estuvieron a puntito de deleitarnos con una orgía. ¿Franceses dándole al francés por partida doble? Ahora sí que sí: había llegado el momento de irnos a casa.

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