Primavera Sound 2015: La anticrónica

"¿Dónde habré visto yo esta foto? ¡Ah, sí! ¡En cada puto blog que resume el Primavera Sound! Foto: Jordi Iglesias

“¿Dónde habré visto una foto como esta? ¡Ah, sí! ¡En cada puto blog que resume el Primavera Sound!” Foto: Jordi Iglesias

Después del Primavera Sound, llega el turno de los temidos cronistas. De repente, uno se da cuenta de la cantidad de periodistas musicales que hay por metro cuadrado, analizando los conciertos con lupa y haciendo gala del mejor argot músico-festivo. Pero nosotros este año hemos decidido hacer lo que bautizamos como anticrónica. Vamos, que hemos resumido nuestro paso por el Festival-de-festivales como lo haríamos mientras nos tomamos un café con los amigos. Lo podríamos haber titulado “Las aventuras de NyamSessions por la tierra de los hipsters”, pero no nos negaréis que “Anticrónica” suena más contundente y glamouroso.

Nuestro Primavera Sound 2015 empezó el jueves 28 de mayo en el escenario “curro”, es decir, trabajando, así que nos quedamos con las ganas de ver a Sun Kil Moon. Para ahogar nuestras penas, cuando llegamos al Parc del Fòrum lo primero que hicimos fue pedirnos una cerveza. Lo que no esperábamos es que, en vez de animarnos, los 5 eurazos que costaba y su horrible sabor (¿qué le echarán? Próximamente en Cuarto Milenio buscaremos respuestas) nos llevarían al más profundo abismo sentimental. Un lamentable estado de ánimo que, por otra parte, maridaba a la perfección con el concierto de Antony con la OBC.

Por conciertos así todavía vale la pena ir al Primavera Sound. Foto: Jordi Iglesias

Por conciertos así todavía vale la pena ir al Primavera Sound. Foto: Jordi Iglesias

No nos entraba en la cabeza cómo un concierto tan intimista estaba programado en el escenario más grande del festival. Sin embargo, nuestros temores se desvanecieron rápidamente. Por una vez, el sonido era excelente y el público guardó un silencio casi sepulcral, a excepción del típico borracho que chillaba “Antonio te queremos” de vez en cuando, como si se tratara de su cuñado. Por lo demás, Antony estuvo pletórico y el acompañamiento de orquesta le quedó como un guante a sus composiciones. Todo lo contrario que lo que sucedió con The Black Keys, que se vieron mermados por un sonido muy deficiente y no dieron un concierto propio de unos cabezas de cartel. Esperábamos mucho más de ellos, por lo que, decepcionados y cabreados, volvimos a buscar refugio en la cerveza (el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra) y nos fuimos a buscar un buen sitio para disfrutar de James Blake.

Tiene cara de pringadillo, pero es un grande. Foto: Jordi Iglesias

Tiene cara de pringadillo, pero es un grande. Foto: Jordi Iglesias

Es difícil tomarse en serio a alguien tan asquerosamente joven como James Blake (la camiseta que llevaba tampoco ayudaba mucho, la verdad). Pero cuando empieza a cantar y a jugar con sus aparatitos electrónicos realmente te crees que este tío es el presente y el futuro del soul. A nosotros nos encantó, aunque no todos pensaron lo mismo: el señor que teníamos a nuestro lado se pegó una buena siesta hasta que el irrespetuoso de James cambió sus gorgoritos sensuales por el techno.

El día siguiente teníamos que madrugar para ir trabajar, así que para nosotros el jueves acabó aquí. Bueno, no fue exactamente aquí. Acabó cuando encontramos un taxi, tarea nada fácil si se tiene en cuenta que no hay ningún tipo de orden y que se montan jaranas dignas de The Walking Dead para coger uno. Mala cerveza y peor organización: amigos, that’s the fucking Primavera Sound.

2 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *