Petit Pau

El magnífico sabor de la derrota

Si perder significa tener que invitar a platos como este, volvería a perder sin dudarlo.

Hay derrotas amargas, como la eliminación de Alberto, alias “León come gamba”, de Masterchef (vale, era un plato nefasto, pero me hizo reír tanto que me supo mal que expulsaran al creador de tal genialidad). Otras, en cambio, te dejan el mejor sabor de boca posible. Y esta que os voy a contar es una de ellas.

La historia es simple: hicimos una apuesta con Ester para ver quién adivinaba los 5 mejores conciertos del Vida Festival 2015. Total que, tras un conciertazo de Benjamin Clementine y una decepción mayúscula de The War On Drugs, la perdí. Un doloroso fracaso que me obligaba a invitar a Ester -alias “La triunfadora”- al Petit Pau, un restaurante con apenas seis mesas que consiguió hacerme olvidar las penas de la derrota.

Así cualquiera se recupera de una derrota.

Al ser un local minúsculo, y tras haber alcanzado una fama que lo ha situado entre los mejores restaurantes de Barcelona según TripAdvisor, tuvimos que reservar con más de 4 meses de antelación. Pero no me importó: así me daba tiempo a ahorrarme un dinerillo. Conociendo a Ester -alias “La sibarita”- seguro que lo necesitaría.

Nada más llegar, Pau, el propietario (que no es precisamente “petit”) del restaurante, nos ofreció un par de copas de cava. Si me conoces, sabrás que tengo el título oficial no compulsado de Tonto del cava. Así que este tipo de detalles me hacen muy, pero que muy, feliz. Brindamos, bebimos y no pude resistirme a preguntar de dónde era ese cava delicioso mientras registraba la siguiente nota mental: “encargar un par de cajas para Navidad”.

No sería la última pregunta que le haríamos a Pau. Y es que, gracias al reducido tamaño del restaurante, te sientes enseguida como en casa. También ayuda el carácter abierto del propio Pau y de Marc, el cocinero, al que podríamos pasarnos días y días viendo cómo se desenvuelve entre fogones. Un verdadero espectáculo.

Nos comimos este plato antes de leer el informe de la OMS. Y nos lo volveríamos a comer tras leer el informe de la OMS.

Por todo esto, incluso antes de ver la carta ya estábamos encantados de haber ido a este restaurante. Y cuando vimos la carta… Pues bueno, el mejor resumen sería que no éramos capaces de elegir. Todo tenía una pinta estupenda. Para hacerlo más difícil, Pau vino a contarnos los secretos de los platos. Y a cada nuevo detalle que conocíamos, más salivábamos. Al final nos decantamos por unas almejas con ceps, una coca de brioche con foie casero y manzana ácida al horno, un bacalao con salsa de puerros y camagrocs (que se note que es época de bolets) un cordero confitado con queso acompañado de tomate y albahaca y un cheesecake para rematar. Sí: somos unos gorditos, pero en nuestra defensa tenemos que decir que lo compartimos todo. Aunque, ahora que no me está escuchando nadie, confieso que ojalá no hubiera tenido que compartir nada. Especialmente el cordero confitado. Qué maravilla.

Si la elección de platos fue difícil, la elección de vinos fue muy sencilla. En el Petit Pau no se complican la vida: tienen un vino tinto, uno blanco y un cava. Y ya está. Saben que las tres opciones son excelentes y que maridan bien con la comida que ofrecen, así que, ¿para qué quieres más? Con todo, me reafirmo en que lo mejor que bebimos esa noche fue el cava. ¿Os he dicho ya que estaba espectacular?

Bacalao en su punto. Salsa de puerros en su punto. Camagrocs en su punto. Vaya puntazo.

Dicen que de todas las derrotas se aprende algo. En mi caso, aprendí que a veces perder es ganar (ganar peso, concretamente) y que, por tanto, el próximo año quizás apuesto por los Gemeliers como mejor concierto del Vida Festival 2016.

 

Dirección: Carrer Espanya Industrial, 22. Barcelona.
Metro: Hostafrancs <L1>
Web: http://www.petitpau.cat/

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