Nos comeríamos a…

Matt Berninger

El cantante de The National es como el buen vino: envejece para gustarnos todavía más y solo necesita unos cuantos sorbos para hacer que nos rindamos a él.

Ayuda el que siempre vaya hecho un pincel, con unos trajes que harían llorar de orgullo al mismísmo Barney Stinson y que le dan un empaque aún más señorial a su voz grave. Con 44 años, Matt Berninger es un DILF en toda regla: con sus arruguitas, sus gafas y esa pose de galán sueco recién salido de un catálogo de IKEA.

Matt Berninger e hija.

La hija de Matt ya nos avisa: “Escúchame bien lo que te voy a decir: este ya está pillado”. Foto: Appartment Story

Así ya nos lo llevaríamos a casa, pero es que encima viene con un mundo de melodías y letras ambiguas que lo convierten en el pack completo.

Foto: Teen Idle

Verlo en directo se convierte en un festival de hormonas revolucionadas. Y es que su versión en vivo desconcierta y enamora a partes iguales. A Matt se le nota incómodo en el escenario, pero parece haber encontrado su propia manera de lidiar ante lo embarazoso de hacer un full-monty emocional ante miles de personas. Lejos de mostrarse tímido o desamparado, Matt se entrega al vino como primer paso para poder entregarse a su audiencia. Lo que viene a continuación es un proceso de metamorfosis que convierte al gentleman en un auténtico rockstar: se da baños de multitudes, rompe la voz y aporrea el micrófono mientras el público redescubre a unos nuevos The National, muy diferentes, pero que atrapan más que nunca. Al guapo se le suma el sexy y la combinación de estos dos factores nos da un “músico para comérselo” de campeonato.

 

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