Lost in the supermarket

Foto: rapgenius.com

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Si hasta unos punkis como The Clash le dedicaban una canción a un icono pop como el supermercado, nosotros no podíamos ser menos. Porque sí, porque por mucho morro fino que tengamos y por mucho que nos encante alabar las virtudes del comercio local y de barrio, el súper nos salva infinidad de aperitivos, comidas y cenas. Vale, esas cestas y carritos son un invento infernal que nunca ruedan con suavidad y chocan contra todo y contra todos. Pero, dejando eso aparte, lo cierto es que el supermercado esconde pequeños tesoros que merecen ser homenajeados. Sabemos que estamos desobedeciendo deliberadamente el manual del buen #foodie y que puede que nos expulsen de Instagram por poco “cuquis”,  pero asumimos la responsabilidad. Así que, venga, hagamos un repaso de aquellos hits de supermercado que nos alegran la vida, el estómago y el bolsillo.

 

1) El Riesling de LIDL

 

Dejarse caer por LIDL es toda una experiencia. No solo porque tengas muchos números de presenciar los robos más descarados que hayas visto nunca, ni porque sus panificadoras congreguen colas de fans más entregados que las “Believers”: LIDL nos fascina como paraíso de los descubrimientos gastro. Podríamos dedicarle 20 poemas de amor y una canción desesperada a nuestro alemán predilecto, pero hoy nos centraremos en uno de sus clásicos: su vino blanco semiseco Riesling. No es la trufa blanca de los vinos, admitámoslo, pero es un vino correctísimo, fresco y afrutado que se ha convertido en un fondo de armario ideal. Queda perfecto con una cena a base de quesos o si, en un arrebato de exotismo, os apetece comida thai. Lo que también es exótico, por extraño de encontrar en estos lares, es su precio: 3,49 €. Calidad-precio imbatible.

 

2) Las tabletas de Lindt Flor de Sal

Lindt

No hay nevera que se precie que no contenga una tableta de chocolate empezada, con el papel de aluminio hecho trizas y aspecto de “aquí hay alguien que mete mano apresuradamente para que no le pillen”. A nosotros todo lo que hace el señor Lindt nos parece caído del cielo, pero el invento de echarle sal al chocolate negro nos ha robado el corazón. Puede parecer una guarrindongada, pero lo cierto es que su increíble sabor tiene una explicación científica: la sal potencia el sabor del chocolate y, de paso, potencia las ganas de hincarle el diente.

 

3) Los mejillones en escabeche Isabel

Mejillones en escabeche

“Qué bien, qué bien, hoy vermuteamos con Isabel”. Éste es el lema de los domingos en casa. El ritual del vermutillo de fin de semana no se perdona. Si no se toma fuera, se lo monta uno mismo. Y hay que montárselo bien. Nosotros nos hemos convertido en unos catadores expertos de latas de mejillones en escabeche. De las del súper, después de varios intentos fallidos y frustraciones con el tamaño, el punto avinagrado y la textura de los mismos, nos decantamos por los de Isabel. Son mainstream del bueno, como un Bruno Mars que siempre alegra encontrarse en los programas de radiofórmula.

Consejo que cualquier #foodie desaprobaría: combínalos con patatas fritas de bolsa (si son Torres, mejor). Instrucciones de uso: coge una patata y úsala de cuchara; una vez hayas conseguido que el mejillón se pose ágilmente sobre la patata, dale un buen bocado y disfruta.

 

4) Las galletas saladas TUC

Tuc

O crackers, como dirían los puristas. Llámalos como quieras, pero una cosa está clara: generan adicción. Las TUC, conocido acrónimo de “Te Urge Comerlas”, son el nuevo opio del pueblo. Aunque  estén pensadas como base de canapés múltiples, las TUC no necesitan condimento alguno para tenerte enganchado enlazando, como un autómata, una tras otra. Los diabólicos creadores de la marca han tenido ideas tan perversas como lanzarlas con sabor a queso, bacon y, por si fuera poco, unirlas al también peligroso chocolate Milka. Nos han intentado subyugar a ellas de mil maneras posibles, pero lo cierto es que las TUC Original son droga dura por ellas mismas.

 

5) Gazpacho Alvalle

Gazpacho Alvalle

Que sí, que como el gazpacho casero no hay nada. Eso está claro. Pero, oye, que si no quieres pasarte la mañana pelando tomates, existe una maravilla llamada gazpacho envasado que cumple su función con honores. Marcas hay muchas y elegir es complicado. Tal y como ocurre con las viejas polémicas Nocilla vs Nutella (nosotros somos de Nocilla), Cola Cao vs Nesquick (Cola Cao, obvio) o Pepsi vs Coca-Cola (no nos podemos creer que haya quien elija Pepsi), lo del gazpacho de bote es un tema espinoso. Tras probar casi todos los habidos y por haber, coronamos a Alvalle. Sólo tiene dos problemas: es un pelín caro y, si no tienes cuidado, puedes beberte un litro entero de una sentada sin darte cuenta.

 

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