Celler de Gelida

Celler de Gelida, el museo personal de la familia Falgueras. Foto: Jordi Iglesias

Celler de Gelida, el museo personal de la familia Falgueras. Foto: Jordi Iglesias

Al entrar en el Celler de Gelida, lo primero que pensamos es que su nombre es demasiado escueto. Debería llamarse “El lugar donde encontrarás todos los vinos y licores habidos y por haber”. Y es que esta histórica bodega, situada en el centro del barrio de Sants de Barcelona, es mucho más que una simple tienda. Al señor Antoni Falgueras, su propietario, le gusta decir que es un sitio donde aprender a beber menos y mejor. A nosotros nos gusta definirlo como un museo en el que todo está en venta.

Acudimos al Celler un sábado por la tarde, coincidiendo con un FC Barcelona-Real Sociedad que ha logrado lo que parece imposible: que, durante unos instantes, el establecimiento esté vacío. Lo aprovechamos para descubrir todos sus secretos, con el propio Falgueras haciéndonos de guía de excepción. Además, por la radio escuchamos que el Barça gana 2 a 0. Win-win.

Con orgullo y una sonrisa de oreja a oreja, el señor Falgueras nos cuenta que forma parte de la cuarta generación de una familia que siempre se ha dedicado en cuerpo y alma al Celler. Llevan desde 1895 ocupando el número 65 de la calle Vallespir. Él, literalmente, nació allí. Un legado que ahora van a poner en valor con la asociación Botigues Singulars (“Tiendas Singulares”), iniciativa que Antoni preside para fomentar el comercio local.

Solo hay una cosa que no nos gusta del Celler de Gelida: tener que elegir. Foto: Jordi Iglesias

Un paraíso de dos pisos. Foto: Jordi Iglesias

En efecto, el Celler de Gelida es una tienda muy singular. Para empezar, disponen de 4.500 referencias de todo tipo y para todos los bolsillos, desde el whisky que bebe el Capitán Haddock de Tintín hasta el vino que se sirvió en la boda de George Clooney, pasando por la Tía María de Jamaica o la tan “nostrada” ratafia de Sant Quirze de Besora. Su constante búsqueda de vinos y licores con personalidad les ha llevado a visitar más de 70 países para encontrar la mejor mercancia. Van bodega por bodega, conociéndolas y garantizando que lo que venden cumple con sus expectativas. ¿La recompensa? Tener un tesoro etílico inigualable, recibir una gran cantidad de reconocimientos y convertirse en los proveedores de restaurantes de la talla de El Bulli o El Celler de Can Roca.

Pero ni los premios ni su basta experiencia parecen impresionar demasiado a Antoni. A juzgar por su actitud, cualquiera diría que es su primer día en el Celler. Falgueras no es un comercial: es un pedagogo, conoce a la perfección todo lo que vende y te lo describe con el entusiasmo de un apasionado. “No se trata de vender una botella de vino. Se trata de vender una buena botella de vino“. De hecho, disponen de un local donde realizan catas y enseñan a apreciar los matices de las bebidas. Con estos antecedentes, no nos extraña que su hija, Meritxell Falgueras, sea nariz de oro y autora de varios libros y artículos acerca del mundo del vino.

Foto: Jordi Iglesias

Solo hay una cosa que no nos gusta del Celler de Gelida: tener que elegir. Foto: Jordi Iglesias

Una vez recorrido el establecimiento, y cuando nos pensábamos que habíamos visto todas las botellas que podíamos imaginar, Toni nos vuelve a sonreír, con esa cara de capitán cazatesoros que le caracteriza, y nos dice que todavía hay más. “Tenemos una bodega, enfrente de esta. ¿Queréis verla?” No podemos responder que no, seguro que se trata de la joya de la corona. Así que, a modo de exploradores, cruzamos la calle, abrimos una puerta y, mientras bajamos las escaleras, ya empezamos a percibir un olor que anuncia lo que estamos a punto de descubrir.

El mapa del tesoro nos ha conducido hasta aquí. Foto: Jordi Iglesias

El mapa del tesoro nos ha conducido hasta aquí. Foto: Jordi Iglesias

Botellas de jerez de antes de la guerra, cajas y cajas de Vega Sicilia y hasta un vino de 6.000 euros, el más caro del mundo. Todo a temperatura controlada y bajo un estricto control y organización. Un catálogo impresionante, más propio de estar entre vitrinas que en una tienda, que corrobora lo que antes decíamos: el Celler de Gelida es, en realidad, un museo. Y allí mismo puedes adquirir la obra que más te guste en forma de bebida. Solo debes dejarte aconsejar por la familia Falgueras, que seguro acertará. No importa el presupuesto: tanto si quieres un vino para una cena informal como si quieres conquistar a alguien con un gran regalo, en el Celler encontrarás lo que buscas.

Si estás buscando un vino, acércate al Celler de Gelida y déjate recomendar. Foto: Jordi Iglesias

En el Celler de Gelida tienen el vino que estás buscando. Y si no, lo buscarán por ti. Foto: Jordi Iglesias

 

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